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jueves, 6 de enero de 2011

EL GALLO DE LA CATEDRAL!!!

Había una vez un hombre muy rico que vivía como príncipe. Muy por la mañana comía el desayuno.
-¿no se toma el desayuno?
-Sí, pero este señor comía el desayuno. Pues, le servían una gran taza de leche "postera" , con gotas de algún licor; un plato de lomo fino, bien asado; pasa enteras, huevos fritos y una taza de chocolate con pan de huevo y queso de Cayambe.
-¡Más que almuerzo!
  • Así es. Barriga llena, corazón contento, don ramón gozaba de la vida. Después del desayuno dormía la siesta. A la tarde, oloroso a perfume, salía a la calle. Bajaba a la Plaza Grande. Se paraba delante del gallo de la Catedral. Burlándose le decía:
  • -¡Qué gallito! ¡Que disparate de gallito!
  • Luego Don Ramón seguía por la bajada de Santa Catalina. Entraba en la tienda de la señora Mariana. Allí se quedaba hasta la noche. Cuando regresaba a su casa, don Ramón ya estaba coloradito. Había tomado algunas mistelas. Entonces gritaba:
  • -¡Para mí no hay gallitos que valgan! ¡Ni el gallo de la Catedral!
  • ¡Don Ramón se creía el mejor gallo del mundo! Una vez ... había tomado más mistelas que de costumbre. Al pasar por el atrio de la Catedral, volvió a desafiar al gallo:
  • - ¡Qué tontera de gallito! ¡No hago caso ni gallo de la Catedral!
  • En ese momento se volvió más oscura la noche. Sintió que una espuela enorme le rasgaba las piernas. Cayó herido. El gallito le sujetaba y no le dejaba moverse. Un sudor frío corría por el cuerpo de don ramón. Creí que le había llegado el momento de morir. En eso oyó una voz que le decía:
  • ¡Prométeme que no volverás a tomar mistelas!
  • ¡Lo prometo! ¡Ni siquiera tomaré agua!
  • ¡Prométeme que nunca jamás volverás a insultarme !
  • ¡Lo prometo! ¡Ni siquiera te nombraré!
  • ¡Levántate, hombre! ¡Pobre de ti si no cumples tu palabra de honor.
  • Muchas gracias por tu perdón, gallito.
  • Conseguido lo que esperaba, el gallito regresó a su puesto.
  •  

miércoles, 5 de enero de 2011

Leyendas quiteñas 2

 

 
Esta historia comienza en tiempos coloniales, cuando un indio de Quito promete construir el “Atrio de San Francisco”, pero no tiene tiempo de terminar la construcción y va a ir a la cárcel. Desesperado, él pidió ayuda y un hombre vestido de rojo y con una barba le dijo:
 
- No tengas miedo, soy Luzbel y vine a ayudarte. Te ofrezco construir el atrio antes de la salida del sol a cambio de tu alma.
 
- Acepto, dijo el indio pero si falta una piedra no hay trato.
 
Luego de terminar el trato, miles de diablitos salieron de la oscuridad y se pusieron a trabajar. Cerca de salir el sol, la iglesia estaba casi lista cuando el indio con mucho miedo rezó a Dios y Le pidió ayuda. De no ser por una piedra que los diablitos no alcanzaron a colocar es así que el indio Cantuña pudo salvar su alma.

LEYENDAS




Cuenta la leyenda que en la Plaza de La Independencia que no tenía ningún monumento vivía Bella Aurora; en aquella plaza se realizó una corrida de toros, a la misma que asistió la joven. Salió un toro negro y acercándose a Bella Aurora la observó fijamente, la niña se desmayó del miedo; sus padres desesperados salieron inmediatamente del lugar, llevándola a su hogar
El toro al no verla salto la barrera dirigiéndose a la casa 1028, es decir la casa de Bella Aurora; el animal ingresa a su casa y habitación, la joven solo alcanzó a gritar y él la embiste, acabando con su vida.


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